Me encontraba en clase de ética, me encantaba esa clase, no hacíamos nada, solo me reía de Anabel con Luis y de Luis con Anabel. A Anabel le gastábamos bromas para hacerle de rabiar y pasar un buen rato ,excepto los días que solo teníamos que subrayar unas cosas del libro, que aun así también me lo pasaba bien.
A Anabel siempre le hacíamos la típica broma, hacíamos que le pegábamos algo en la espalada y le chinchábamos hasta que se enfadaba. Pero, este día era distinto, tenía un mal presentimiento.
Esta clase estaba siendo aburridísima, y para más, los pesados de Anabel y Luis no paraban de preguntarme cosas sobre el examen de física del día siguiente, ya no podía aguantar más, pero por lo menos, estaba entretenida, además, prefería estar en esta clase, "sentá" en la silla y "arrascándome" el brazo en vez de estar en gimnasia, la próxima clase. Odiaba gimnasia, y sobretodo al profesor. A parte de eso, siempre estarían allí Luis y Anabel recordándome el fatídico día que me caí mientras hacíamos unos ejercicios de calentamiento, y lo peor, es que siempre tenemos que hacer ese ejercicio y siempre me miran mientras se ríen cual hienas, aunque yo les pongo una falsa sonrisa y quedo tan bien mientras ardo en mi interior.
Al poco tiempo sonó la sirena, y yo, como siempre, aceleré mi ritmo en recoger las cosas para ser la primera y meterle un poco de prisa a Yaiza, aunque, la verdad, si hubiese sabido lo que me esperaba, hubiese reducido mi ritmo.
De camino al campo de fútbol, como siempre, nuestro tema de conversación era Anabol (Que no es Anabel, para los que no estén informados). El muro que había para pasar al campo estaba derribado y todos comentábamos entre risas; ¿Ahora cómo subirá Anabol? ,¡Porbrecita!, ahora no podrá subir.... Pero no me esperaba para nada que al final de esta clase, la pobrecita fuese yo.
Antes de todo esto pensaba que el día no estaba tan mal, las risas de siempre, las bromas de siempre, todo iba como las rosas, pero pronto todo este humilde sueño se hundiría entre las más oscuras y apestosas “crems”. Rugbi. Odiaba ese deporte aunque ni siquiera supiese qué habia que hacer, pero lo odiaba, y a muerte... al igual que todos esos absurdos deportes, ejercicios y clases.
Primero empezamos los calentamientos, este día iba a librarme de las risas de Anabel y Luis y del recuerdo de mi caída mientras calentaba. La forma de calentar hoy era diferente, incluso empezaba a interesarme. Consistía en correr por el área mientras nos pasábamos los balones. Yo y Anabel corríamos y corríamos mientras nos reíamos de la más mínima tontería, pero, como de anillo al dedo, una pelota lanzada por Bea, me golpeó, pero la verdad, eso no tenía nada de malo comparado con lo que me esperaba. Ojala solo hubiese sido eso, un golpe. Al principio no noté nada, yo simplemente le sonreí el golpe disimulando, cogí la pelota y le quité el caucho (Las molestas bolitas del Betis) restregando el dedo que se había pegado sobre el balón . Conforme deslicé el dedo sobre la suave capa del balón, mi mirada se fusionó con la de Anabel, las dos nos miramos fijamente, primero, miramos el balón luego volvímos a mirarnos, todo sucedió en décimas de segundo, al momento, la sonrisa de Anabel se desbordó, y las facciones de mi cara cambiaron radicalmente cuando miré mi dedo embadurnado de una fina capa de mierda de un color marrón verdoso mezclada con pequeños trozos de caucho. La pelota había rebotado en una mierda. Ojalá fuese un sueño, pero derrepente, otro balonazo golpeó mi cabeza, y desde ese momento, no tenía duda de que me estaba pasando de verdad. La sonrisa de Anabel aún se desbordó más. Pronto se acercó luis, el culpable del balonazo en la cabeza, pero él no se enteró de nada, vio riéndose a Anabel, pero él se creía que era del balonazo en la cabeza. El profesor lo echó por no llevar la ropa adecuada y no se enteró hasta que volvió a tomar unos apuntes sobre lo que estábamos haciendo. Su risa también se ensanchó, como era normal y habitual.
No sabía que hacer, estaba inpregnada y embadurnada de mierda, y si pensaba que no podía pasarme nada más, sin duda, me equivocaba. Anabel ,cual Cristobal Colón, descubrió una nueva fosa de mierda bajo mi codo, la cual intenté disimularla doblando mi manga.
Decidí esconderme tras Ana, otra de las víctimas de ese balón, pero no sirvió de mucho, ya era tarde, la anécdota corrió como la pólvora, y era el centro de las miradas.
22-4-2010, nunca olvidaré ese día, mi caprichoso baño de mierda, no podría pasarme nada peor, por eso, hoy estoy contenta, feliz, y hoy en día, me siento orgullosa de ello.
Luis Javier Sirvent Pozuelo, Mierda sin compromisos